Antes de que las seis se hagan siete
y las ocho se hagan diez
Antes de que el aroma matutino
irrumpa en la barca del sueño
y el rocío de la luz
humedezca nuestros rostros
Pensaré en las estrellas de miel
y el albo cielo que enciende
la constelación de fuego
en la que me convierto
cuando la inocencia y los juegos
se refugian en un tenue mar de algodón
que baña las orillas de viento
Disfrutaré de la lluvia que emana
de la corona nocturna
y la fuente roja
que absorbe mis palabras
y algo más que mis alas
Sólo dos luceros bastan
para que el universo entone por siempre
el himno de nuestro reino
El único que no necesita de astas,
banderas o fronteras
para ser legal
martes 16 de junio de 2009
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